El despertar espiritual es proceso de profunda transformación que implica un cambio de todas las estructuras en las que te sostienes. Esas estructuras son las que tu ego construyó para poder vivir o sobrevivir esta experiencia humana. Por lo tanto, tus creencias, valores formas de ver la vida se transforman. Produce mucho dolor y está marcado por un periodo de aislamiento llamado «La noche oscura del alma». No es una decisión consciente «despertar». Ocurre gradualmente sin que te des realmente cuenta. Puede empezar como algo que te inquieta y no lo habías mirado con seriedad, de pronto ya ni tú mismo te crees tus explicaciones de antes. Siempre hay un disparador que inicia este proceso: una enfermedad, una separación, un divorcio, una muerte repentina de un ser querido, una derrota, una decepción, etc. Tampoco hay forma de bajarse de él una vez has empezado a transitarlo. Muchas veces querrás volver atrás pero es imposible. Te tomaste la pastilla roja y no hay manera de volver a tu antigua vida.
Si eres una persona escéptica o puramente materialista probablemente para cuando hayas transitado las etapas del despertar habrás descubierto que la espiritualidad también tiene sus leyes y su ciencia y verás cuan inmenso eres sin la necesidad de un sistema de medición que te lo confirme. Es un proceso largo en el que poco a poco empiezas a descubrir quién eres realmente y para qué estás aquí.
Un Breve resumen de mi historia
Nací en un pueblo en la costa sur de Perú en el seno de una familia muy humilde. Mi padre era testigo de Jehová y yo crecí en ese entorno de las reuniones del Salón del Reino hasta los siete años cuando expulsaron a mi padre por llevar una doble vida. Esto condujo a que la familia entera fuera expulsada. Sin entrar mucho en detalle de lo que esto genera a nivel emocional en una niña de siete años, a partir de allí surge mi escepticismo y desconfianza hacia lo que las personas predican y lo que realmente hacen. La incoherencia y la falta de integridad. Para mí ese hueco en el que necesitaba seguridad y lógica lo llenó la ciencia y todo aquello que pudiese ser demostrable. Terminé el colegio secundario con diploma de honor y algunos trofeos en Matemáticas y Física. Estudié ingeniería electrónica en la Universidad Católica (PUCP) y cuando terminé mi tesis me gané una beca de Maestría financiada por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI). Llegué a Barcelona (España) en el año 2000 y mi idea era volverme a Perú cuando terminase el máster, pero el destino tenía otros planes y encontré una pasantía en una empresa biomédica que me gestionaría un permiso de trabajo gracias al cual me terminaría quedando en Barcelona 7 años. Después iría a trabajar a Bélgica como consultora y me pillaría la crisis financiera a nivel mundial que me impactaría el 2009 y quedaría desempleada varios meses para finalmente encontrar un nuevo trabajo en Irlanda como freelance. Otra vez el destino me ofrecería una muy buena oportunidad de trabajo en Suiza y me terminaría mudando en el 2010 siempre trabajando en el desarrollo de software para equipos electrónicos.
Mi Despertar espiritual
Todo empezó cuando a un familiar al que los medicamentos no le hacían efecto la derivaron a un psiquiatra al cual le confesó que en realidad se sentía muy sola y dormía muy poco. Eso me llevó a investigar tratamientos y terapias complementarias y estaba dispuesta a costearlos por mi cuenta si ella accedía a tratarse. Intentaba llamar cada día desde Suiza a Perú a pesar de la diferencia horaria. Cuando rechazó mi ofrecimiento y ayuda me puse a pensar qué más mentiras me había creído de ella porque ella siempre había hecho alarde de ser feliz estando sola y que no necesitaba a nadie. Sin embargo, todo eso era solo una fachada, no era verdad. Lo peor es que siempre la había considerado un modelo a seguir por sus otras cualidades y de pronto me encontraba pensando si eso también era real o no. Mi historia personal me había llevado a desconfiar de la gente y de pronto saber que la persona que creía de mi más absoluta confianza me hubiese engañado tanto tiempo era una gran decepción. No quería pasarme el resto viviendo una mentira como ella así que me preguntaba si realmente estaba viviendo la vida que quería vivir.
Mi Escepticismo hacia la espiritualidad
Así llegué al desarrollo personal y tenía sentido eso de que nuestras creencias crean nuestra realidad y sobretodo lo que creemos es posible para nosotros. Recuerdo el ejercicio de contar el número de coches de lujo que veíamos por la calle y yo me sorprendía que viviendo en Suiza no veía ninguno hasta que un día puse el foco en verlos y resulta que había siempre un Porsche aparcado en mi misma calle! Me preguntaba ¿qué más cosas no veo? ¿Qué otras oportunidades deben existir que no veo? Empecé a ir a eventos de desarrollo personal y conocer gente que ya llevaba más tiempo en ese mundillo. Y aquí empezaron a aparecer gente que también hablaba de cosas espirituales lo cual no me interesaba mucho. Siempre había conocido gente religiosa o espiritual a lo largo de mi vida. Crecí en un pueblo en el que la religión principal era la católica y los demás seguían una secta religiosa u otra. Lo que no se veía bien era ser ateo que era percibido como si fueras un criminal en potencia. Debido a eso yo solía denominarme como agnóstica o escéptica para que no cayeran sobre mí todas esas presuposiciones acerca de los ateos. No tenía Fe ni creía en nada que no pudiese ver o palpar. Eso que en mi entorno había religiosos y fanáticos religiosos, pero no llevaban una vida que a mí me inspirara y conocía casos sorprendentes como el de una amiga de primaria que se pasó a un convento católico para convertirse en monja. Parecía que la gente necesitaba creer en algo para vivir.
En la universidad conocí muchas amistades católicas practicantes entre ellos un compañero que estudios que dejó la carrera para entrar a un monasterio católico (hoy es sacerdote) o la novia de un amigo que rompió con él para meterse en un convento de monjas. En estos últimos casos, ellos hablaban de un «llamado» y de seguir la voz de su alma. Definitivamente, era un fenómeno que aún no lograba entender, pero lo respetaba por la coherencia que tenían en lo que hacían. Cuando llegué a Barcelona conocí españoles que estaban en la espiritualidad, habían ido a India o practicaban yoga o iban a un templo budista. A pesar de escuchar sus historias acerca de lo beneficioso de la meditación o el yoga nunca me interesaron esos temas. Siempre ví la espiritualidad como un estilo de vida performativo más que realmente algo profundo. Para compensar la experiencia también conocí a través de las reuniones de becados a una amiga del Opus Dei que nos invitaba a sus reuniones donde nos llevaban de paseo a lugares históricos de Cataluña y como yo estaría solo dos años allí aprovechaba esas invitaciones para conocer esos lugares históricos. Incluso llegué a aceptar la invitación para ir a la canonización del fundador del Opus Dei sólo porque iríamos a visitar la Capilla Sixtina en Roma. Era muy pragmática e ir con un grupo no significaba para mi afiliación ni afinidad. Así la religión y espiritualidad siempre me rodearon, pero nunca tuve ningún interés en ninguna de las dos. Así es que cuando empecé a conocer gente que mezclaba desarrollo personal con espiritualidad, mi escepticismo crecía. Lo que contaba para mí eran los principios éticos y morales de alguien independientemente de lo que creyera.
Las primeras experiencias sin explicación
Hasta que en un momento me empezaba a pasar algo extraño: cada vez que me cruzaba con alguien de un grupo conocido mi estómago me empezaba a doler y después no podía ni comer. Estar cerca de esta persona me generaba sudar frío y sentir un miedo inexplicable que me hacía temblar. Era raro y me encontraba con esa persona y el grupo una vez por semana lo cual era algo que podía constatar una y otra vez. Nunca me había pasado algo similar y me preguntaba qué era eso. Fui al médico y me hice análisis y no había nada, era como si fuese somático, pero yo no tenía ningún motivo a razón lógica para tener miedo de alguien que ni siquiera conocía bien. Un día me encontré por casualidad con una chica francesa que había conocido años atrás y que había vivido una experiencia cercana a la muerte que le había cambiado la vida. Podía verme reflejada en ella: mujer escéptica, pragmática y con los pies en la tierra. Su experiencia me conmovió porque la conocía de antes del evento. Cuando le comenté lo que me pasaba con esa persona ella me dijo que podía ser algo pendiente de vidas pasadas y me recomendó buscar un lector de registros akáshicos para que me lo confirmara. Nunca había escuchado hablar de esos registros antes así que a pesar de mi escepticismo busqué uno online que no solo me confirmó eso, sino que me dijo que yo en una vida pasada era sanadora y que tenía poderes de clarividencia, canalización, de sanar con mis manos y un largo etcétera que me hizo pensar que todo era inventado para sorprender a incautas que se creían todas esas historias. Yo tenía una dosis pequeña para abrir la «posibilidad» a que quizás no todo era como yo pensaba, pero ese hombre había consumido mi ración mensual de lo que yo creía era suficiente tontería. Me dijo cómo podía deshacer cualquier tipo de acuerdo que aún estuviera pendiente con esa persona, pero yo pensaba que era pura charlatanería. Hablando con la amiga francesa ella me dijo que esos pactos se deshacen naturalmente cuando la lección se ha aprendido. ¿Qué lección tenía que aprender?
Solía asistir a los meetups de Expats en Basilea y en uno conocí una chica de Estados Unidos que era experta en comunicaciones y daba asesoría a las empresas farmacéuticas en esos temas. Organizó un meetup de shinri goku para conectar con la naturaleza y después explicó como la conexión con la naturaleza también refleja nuestra conexión con uno mismo. Me interesaba mucho lo que ella explicaba del lenguaje corporal y como asesoraba equipos y líderes para que hubiera una mejor comunicación entre ellos. Tanto es así que al final empecé a hacer sesiones individuales con ella de terapia somática para mejorar mi comunicación no verbal. Durante las sesiones ella dirigía una serie de ejercicios para mostrar cómo reaccionaba mi cuerpo a determinados estímulos, lo que se dice en automático y empecé a comprender cómo yo temía el contacto, o me protegía. En un determinado momento me dijo que el lado izquierdo de mi cuerpo reaccionaba diferente del derecho. Había pasado algo que hacía que mi rostro del lado izquierdo denotara microexpresions de terror. No lograba entender qué había pasado en mi niñez como para tener esas microexpresiones de terror que ella me mostraba en el espejo. Mi madre era una persona muy violenta e irascible y nos pegaba cuando eramos niñas pero no lograba comprender por qué sólo yo tenía esas expresiones o secuelas. Ella me decía: vino alguien desde el lado izquierdo y te hizo algo que aún quedan huellas traumáticas en tu movimiento, cuerpo y rostro. Sin recuerdos concientes de mi infancia no podía avanzar más en eso, no tenía lógica pero a la vez debería haber una explicación asi que decidí empezar a hacer arteterapia un poco para ver si algo podía recordar a través del arte.
La Experiencia que lo cambia todo
El tiempo va pasando y esto aunado al estrés de trabajar en una startup en el que teníamos mucha presión de pronto me encuentro muy cansada y agotada y pregunto a un grupo de whatsapp de uno de los cursos que había hecho por consejos o tips y una chica del grupo me responde ofreciéndome un «Reset emocional» a distancia ya que ella estaba en España y yo en Suiza. Yo no tenía ni idea de qué significaba eso del reset pero lo importante era el gesto porque yo no creía en esas cosas y encima era online. Quedamos una hora y después de la sesión me dice que sus guías le habían dicho que yo había hecho promesas de castidad, pobreza, obediencia, etc todas esas promesas que hacen las personas que se ordenan de religiosas y que podía pedir al comité kármico para que se disolvieran. Definitivamente todo eso sonaba ridículo para mí y solamente porque me había ofrecido esa sesión gratis de buena fé que accedí internamente a seguir su instrucción de repetir 7 veces durante 7 días una oración pidiendo que se revoquen esas promesas. La oración no era larga y repetirla siete veces no me consumiría mas de cinco minutos asi que decidí hacerlo simplemente por la buena intención de ella mas que nada. Lo que pasaría después lo cambiaría todo. Al tercer día de repetir la oración empezaron a venirme flashes con imágenes a la cabeza, eran escenas sueltas de algo que no lograba descifrar. Al séptimo día era una película escalofriante en el que una mujer era colgada mientras un grupo de personas alrededor le gritaba y le tiraba cosas. Era un linchamiento público y le pegaban antes de colgarla y matarla. Lo peor de todo era que mi cuerpo reaccionaba a las escenas como si me estuviera pasando a mi en ese momento. Mi mente lógica decía: esto no puede ser cierto, yo no soy esa mujer, eso parece ser de la edad media y en Europa, estamos en el año 2019. Mi cuerpo y mi corazón reaccionaban como si me estuviera ocurriendo en ese mismo momento a mi, sentía las ganas de huir, el miedo de que me encuentren, me estaban persiguiendo y así comenzaron mis ataques de pánico y el imsonio. Pensaba que me estaba volviendo loca. Tuve que ir al médico y me dieron la baja y asignaron una psiquiatra que asociaba todo a esquizofrenia o algún otro transtorno.
De pronto mi arteterapeuta me contacta para preguntar por qué estaba faltando a las sesiones y le respondo que no duermo y me encuentro muy mal. Le cuento un poco lo que me pasa y me pide que dibuje todo lo que veo y lo traiga a la siguiente sesión. Empiezo a dibujar lo que veo y siento claramente que no es un invento mío o una alucinación, es algo que quiere salir y mostrarse, contarme algo que no habría otra manera de hacerlo debido a mi escepticismo. Noto como dibujar lo que pasó me hace sentir mejor aunque internamente el miedo a la persecución sigue allí. Voy a la sesión llevando mis dibujos y le digo que quizás me estoy volviendo loca y me dice que no y me muestra unos cuadros en el que hay escenas de muerte como la mía y me dice que no soy la única que «recuerda». Todo eso me tranquiliza y me llevaría meses aceptar que eso pasó. Sincronicamente un día mientras esperaba el tren entro a un quiosco de revistas y veo la revista francesa «Le Point» con una portada titulada «La cacería de brujas en Europa» y me detengo a hojear la revista y veo un mapa de Europa de finales del siglo XVI y el número de ejecuciones por país: Suiza ejecutó 5000 personas mientras Francia solo 1000. Cabe resaltar que Francia es 13 veces más grande que Suiza. Fue una carnicería.

Asi es como recuerdo mi ejecución: Mujer suiza acusada de brujería y condenada a la hoguera.
Todo empieza a encajar
De pronto hay piezas que comienzan a encajar: en mi adolescencia queria aprender francés e iba a la única biblioteca de mi pueblo a aprender por mi cuenta francés. En algún punto se me hizo difícil continuar sola porque no habia ningún material auditivo y sólo un libro que enseñaba la gramática básica. Aprendí francés cuando viví en Bruselas (Bélgica).
Lo que decía la terapeuta somática de que mi lado izquierdo y lado derecho del cuerpo eran diferentes, que mi lado izquierdo habia sufrido un traumatismo y mi rostro del lado izquierdo aún tenía microexpresiones de terror ahora tenía sentido. Mi verdugo se encontraba a mi lado izquierdo y es la parte de mi cuerpo más sensible.
Y el lector de registros akáshicos que me dijo que fuí ejecutada en la edad media durante la cacería de brujas y yo no le creía nada porque me decía que era sanadora y clarividente y yo ni siquiera tenía intuición. Lo cierto era que en mis dibujos aparecía una mujer típica suiza que sanaba con las manos y su aura, mucha gente venía a ella y al contrario de mí era muy espiritual y amorosa. Hubo una gran traición y sus detractores estaban presentes durante su ejecución. ¿Cómo podía algo que pasó hace siglos seguir afectándome hasta ahora?
Las vidas pasadas
Me pasaría meses investigando y consumiendo material que nunca antes hubiera imaginado leer. «Muchas vidas muchos maestros» de Brian Weiss fue una de ellas. Después encontré a Matías de Estefano y de cómo empezó a recordar sus vidas pasadas siendo adolescente y cómo su cuerpo sentía los dolores de parto de esa vida cuando fue madre. Es tal cual, no es tu mente la que recuerda si no tu cuerpo. Recuerdas los momentos de gran intensidad emocional: esos momentos importantes, esas promesas, esos hijos que tuviste, esas personas que amaste, etc. Mi vida cambiaría para siempre porque de ahora en adelante empezaría a recibir flashes, símbolos y recuerdos de quién fui en otras épocas, mensajes de mis otros avatares y mis maestros, y de por qué estoy aquí.
Terminaría dejando esa empresa en la que trabajaba y empezaría en otra pero en el intermedio iría a Barcelona para hacerme una regresión QHHT y descubriría que después de mi ejecución volvería a reencarnarme otra vez aquí en Suiza porque nos estaban exterminando a todas.
Había una promesa:
«Algún día volveríamos a reencontrarnos aquí en otros cuerpos y unos activaríamos a los otros y recordaríamos quiénes éramos».
Créditos
https://cultureetprejuges.com/la-chasse-aux-sorcieres-en-occident-les-inquisiteurs-et-le-sabbat
